Ayer enterrábamos a mi padrino

Tenía 91 años y se murió como uno se muere a esa edad; en silencio y con el cuerpo castigado por haber vivido honestamente.

Bartomeu fue un tipo muy trabajador. Serio en lo suyo: con la familia, con el trabajo y consigo mismo. Y también un guasón muy generoso. Fue, de eso estoy convencido, un tipo feliz.

En el funeral de Bartomeu, como en todo funeral que se precie, también vivimos ese momento en el que alguien -preferiblemente un nieto- sale a glosar su vida con una sentida y profunda carta.

Meritxell -la nieta- concluyó que Bartomeu fue feliz e hizo feliz a los demás sin necesidad de mencionar en ningún momento la salud o el dinero.

De vuelta a casa pensaba en que Meritxell había acertado centrándose en lo nuclear: en cómo Bartomeu había hecho felices a los demás. Y que esa idea tan extendida de que una buena vida es aquella que tiene resuelta la salud, el dinero y el amor quizás no era del todo cierta.

Me centré en mis propios recuerdos con Bartomeu y tampoco asomaron ninguno que tuviera que ver ni con la salud ni con el dinero.

Luego me centré en el funeral de mi padre. El balance de risas vs. lágrimas os puedo asegurar que fue claramente a favor del primero. De hecho, y aún a riesgo de escandalizar al lector, confirmo que la mayoría terminamos torcidos de la risa.

Y tampoco recuerdo que se hablara de dinero o salud para explicar que su vida fue, a pesar de enormes dificultades, plena y feliz.

Algunos dirán que recordar momentos divertidos en un funeral es la escapatoria que tiene la mente para evitar el dolor. Es posible. Pero creo que esa es una buena forma de morir: sabiendo que los que te precederán colocarán la lápida dislocados de risa mientras recuerdan esos momentos gloriosos que todos tenemos en la vida.

Y es que cada vez estoy más convencido que el mantra «Salud, dinero y amor» es una memez que nos define como seres acobardados por la vida y eso no es plan.

Por eso, y si me permiten, les propongo otro: «Amor, risas y morir bien». En ese orden. Lo de la salud va por barrios y, en el caso del dinero, eso no sé qué es.

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