El ofendidismo -esa práctica que se sulfura por todo, que señala al que piensa distinto como enemigo y que dicta los cánones de lo correcto y lo incorrecto según sus percepciones sentimentales- busca mártir.

¿Crees que puedes ser tú el elegido? Veamos.

El ofendidismo reniega de los datos y de la razón. Prentende transformar su verdad en LA verdad. Le pone de los nervios dialogar con quien no piensa como lo hacen sus feligreses. Toman la parte por el todo, lo multiplican por cien y con un estruendoso vocerío se lanzan contra las personas que no son de su cuerda.

A los ofendiditos se les reconoce porque su discurso suele empezar por atacar a la persona que no piensa como él. No argumenta contra las ideas del rival si no que va más allá y directamente ataca a la persona. Y cuando se siente superado por la argumentación del otro suele llamar a rebato a sus colegas de pensamiento único con la misión de destruir al que no piensa como ellos.

El ofendidismo gestiona tan mal a los disidentes que, a menudo, las broncas internas suelen acabar en tremendas guerras civiles.

El ofendidismo no entiende de grises. No entiende de analizar. El ofendidismo escoge al tuntún sentimientos primarios y los idealiza. No es extraño que muchos ofendiditos padezcan lo que el psicólogo Leo Festinger enunció como «disonancia cognitiva».

Sugirió que los individuos tienen una fuerte necesidad interior que les empuja a asegurarse de que sus creencias, actitudes y su conducta son coherentes entre sí. Cuando existe inconsistencia entre éstas, el conflicto conduce a la falta de armonía, algo que la gente se esfuerza por evitar.

Fuente: Jonathan García-Allen

El ofendidismo pesca en los caladeros del no sabe / no contesta. A los incautos el ofendidismo les proporciona respuestas rápidas y simples a cuestiones sobre las que es necesario tener una formación para tomar una postura consistente. Y es que esa verdad simplona y débil les resolverá muchos dilemas morales.

El ofendidismo establece axiomas inmutables sobre ecología, sexo, feminismo, religión, economía, nación o política y se practica tanto en la izquierda como en la derecha.

Y es que el ofendidismo es el principal valedor de los populismos: hace creer a sus adeptos que son activistas comprometidos cuando en realidad no son más que haraganes intelectuales.

Y, finalmente, el ofendidito no se reconoce a sí mismo como tal si no que se presenta como víctima y comisario político a la vez.

¿Eres tú el elegido?

 

P.D.: Quiero agradecer a @fromthetree que me haya permitido utilizar uno de sus post-it para ilustrar el post. Si no lo conocíais ya estáis tardando en seguirle. Sus historias son una gozada porque son un antídoto que se demuestra muy eficaz contra el ofendidismo.

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