No voy a entrar en el fondo del debate de ayer en 8TV entre Margallo, ministro de asuntos exteriores, y Junqueras, quinto candidato por Barcelona de : no hablaré ni de sus argumentos ni de su puesta en escena porque me parece mucho más relevante e interesante un error de cálculo del gobierno español en pública.

Y es que antes de empezar el debate, Junqueras ya ganaba 5-0.

1. El error más flagrante fue aceptar que un ministro, en calidad de representante del estado, debatiera con un simple candidato de una lista sobre temas de capital importancia. Ese hecho, evidencia la confusión que se vive en . ¿Desde cuando un candidato que no va a ser candidato a President posee la misma altura de representación que un ministro? En lenguaje popular diríamos que “el ministro se rebajó”. Por eso, cuando Margallo aceptó el debate, el cava seguramente corrió por la sede de Junts pel Sí. 1-0.

2. Enviar al ministro de Exteriores para tratar un asunto que tiene que ver con la significa el reconocimiento de facto de la autoridad del otro oponente. Otro error. Junqueras apareció, por una lógica correlación causa-efecto, como el ministro de AAEE de Catalunya. Y en línea al anterior punto, Margallo no sólo se rebajó a sí mismo sino que ascendió a Junqueras a representante válido de un gobierno extranjero. Justo lo que ha estado soñando Junqueras toda la vida. 2-0.

3. Otra demostración de la impericia del gabinete de comunicación de Moncloa: confundieron estrategia con táctica y viceversa cuando ningunearon a Mas con la frase “Oriol es el que manda”. Esa supuesta frase buscaba lastrar el liderazgo de Mas en detrimento del segundo de abordo. Sin embargo, fue un reconocimiento de facto a la «auctoritas y potestas” de Junqueras. Y demuestra que en Madrid aún no se han enterado que al militante-simpatizante-votante de Convergència le importa un carajo el futuro de CDC. Hace tiempo que han asumido su desaparición y su disolución en ERC porque el reto propuesto (la independencia) limpiará la gran cantidad de miserias y cadáveres que pueblan su armario. Si pensaba que con esa táctica-estrategia (vaya usted a saber qué entienden por cada concepto) de “hacerle el vacío a Mas” iba a triunfar, se equivocaron de pleno: identificaron a Junqueras como nuevo líder (por cierto, intelectualmente más preparado que Mas) 3-0

4. Aceptar un “debate a dos” con Junt pel Sí, fue otro reconocimiento de facto: el gobierno reconoce que a) tiene miedo porque b) saben que Junts Pel Sí saldrá muy reforzada tras estas elecciones. Ninguneando a la CUP, Moncloa elevó a Junts Pel Sí como el principal voto útil para los independentistas, y eso es un desastre si lo que pretendían es evitar que Junts obtuvieran la mayoría absoluta en votos. 4-0.

5. Finalmente, otro error de Moncloa fue no valorar “el todo que perder y nada que ganar”. A estas alturas del partido, con todo el pescado vendido, acudir a un debate así ni aporta luz ni argumentos válidos para el electorado. Sólo existe un riesgo: hacer el ridículo como ya lo demostró el día anterior con su infame entrevista con Carlos Alsina en Onda Cero. 5-0.

Conclusión

Y entonces “¿qué hubieras propuesto?” Es evidente que Moncloa se encontraban entre la espada y la pared. Cuando los temas transversales unen a partidos de distinta orientación (UK, USA o como han hecho Junts Pel Sí) la decisión más sensata hubiera sido enviar a alguien sin capacidad de representación institucional -es decir, del mismo nivel que Junqueras. Por ejemplo, Josep Borrell. Pero, por su falta de visión, Moncloa entendió que debía acudir alguien del gobierno para no emitir un mensaje de “cobardía” o de “abandono”. Y también porque, probablemente, en la balanza de las pérdidas seguras, era mejor entronizar a Junqueras que mostrarse cobardes. Pero es que el problema no arrancó ni ayer ni hace dos meses. Es como, ante un suspenso en la carrera, culpar a una gripe inoportuna la semana antes del examen cuando llevas todo el año sin pegar ni chapa. La gripe no es la razón del suspenso. El suspenso viene de hacer el vago todo el año.

Y todo eso antes de empezar el debate.

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