Se ha hablado mucho del tempo comunicativo del gobierno de Mariano y esos satélites donde fundamenta su mayoría absoluta: comunidades autónomas como la de Madrid.

Se ha dicho que sus prolongados e inexplicables silencios obedecían a una estrategia de dilatar en el tiempo temas importantes, porque confiaba en que una vez resuelto el drama económico de la crisis, el resto de temas caerían por su propio peso.

Algo así como lo que James , asesor de Bill Clinton en las elecciones que le enfrentó a George H. W. Bush (padre), acuñó como «es la economía, estúpido».

A la manera gallega de Rajoy, la traducción sería «dejad que las cosas de las pesetas vuelvan a su sitio y luego, todo solucionado». Y de ahí nace ese axioma de este gobierno: callar, ser dueño de sus silencios para (intentar) no ser esclavo de sus propias palabras.

Esa estrategia sería entendible  si antepusieran el beneficio objetivo de la ciudadanía a la de su propia supervivencia. Con unos buenos asesores en -que no existen ni en el entorno del ni del gobierno- y explotando bien ese plateamiento, podría hablarse de prudencia como virtud, siempre y cuando esa prudencia luego se tradujera en acciones de esclarecimiento público.

Pero no. Ni lo han explotado bien, ni lo han utilizado de forma coherente.

El último caso, el vergonzante asunto de , acosada por , consejero de sanidad de Madrid, al descubrirse que la enfermera se había infectado de ébola. El consejero Rodríguez, haciendo gala de una bajeza moral sin explicación posible, ha decidido que lo más importante ahora es señalar de forma acusatoria a la enfermera infectada.

No era el momento de depurar las responsabilidades del personal sanitario. Era el momento de apoyar y de confortar a ella y a su familia.

Pero ni el consejero ni la ministra Mato han mostrado la cara humana de sus cargos. Han decidido acusar y responsabilizar antes que mostrar un mínimo de compasión y respeto: han optado por buscar justificaciones mirando a otros antes que mirarse a sí mismos y a sus decisiones.

Cuando un político, con responsabilidades gestoras, comete la tropelía de abusar del más débil porque ve peligrar sus barbas lo único defendible es echarlo. Sin contemplaciones.

Debe ser el pánico que se vive en las consejerías de sanidad de Madrid y del gobierno que alguien, en un desatino sin parangón, ha definido la línea a seguir: «la mejor defensa, un buen ataque».

Y lo han vuelto a hacer: equivocar los tempos de las ocasiones y errar de forma clamorosa en los mensajes.

Los gobiernos del PP viven en un péndulo comunicativo que les lleva a bascular sin norte cuando se ven inmersos en una crisis. No sólo se explican mal, si no que, además,  agrandan el problema con una puesta en escena fuera de lugar generando dudas y desconfianzas.

Del silencio inexplicable por el desastre del Prestige a la precipitación acusatoria por el pasando por las contradicciones del o la defensa a ultranza de políticos imputados que luego han sido condenados.

Un desastre en toda regla que no sólo afectará a los resultados electorales del PP, si no que -y eso es aún más grave- afecta al estado de ánimo de una población cansada y aburrida de unos dirigentes de corta estatura moral y nula capacidad gestora.


ACTUALIZACIÓN // 19:18h

Adjunto dos capturas de las intervenciones de la ministra y del consejero Francisco Javier Rodríguez. No por vistas y sabidas dejan de ser dolorosas: muestran tal nivel de autismo político que su salida de sus responsabilidades debe ser inmediata.

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