No sé situar el primer recuerdo sobre la existencia de algo llamado “música”. Pero sí puedo situar entre mis 8 y 15 años (entre 1975 y 1982) mi primera gran explosión musical. Confluyeron en mi casa varias grandes corrientes. Mis hermanos mayores que se debatían entre el rock progresivo de los 70, el folk/country con más o menos cantidad de “protesta” y el cantautor romántico, eminentemente catalán. La otra gran corriente fue la de mi padre, con una clara debilidad por la big band de los 50. Debilidad que supo transmitirme y que, gracias a ella, he podido entender mejor -y disfrutar muchísimo- a Gershwin, Bernstein o Aaron Copland.
Claro que tengo recuerdos anteriores a los 8 años. Por allí andan “Mi Limón, mi limonero”, “Capitán de madera” pero también tengo la certeza de que pronto las identifiqué como algo de bajo nivel. O al menos, que ese tipo de música no me interesaba nada.
También compartieron espacio antes de los 8 años -y con una gran importancia por lo que luego he podido comprobar- el “Strangers in the night” de Frank Sinatra, “Les amants du dimanche” de Edith Piaf, “Maria” de West Side Story o el tema de Anton Karas para la película “El tercer hombre”. Todos estos títulos en su versión single.
Haciendo un ejercicio de regresión mental he llegado a situar 20 discos que, por un motivo u otro, los recuerdo con muchísimo cariño. Curiosamente, repasando esta lista de lo que se escuchábamos en mi casa entre la muerte de Franco y la irrupción de Naranjito, no se encuentran ni a Elvis Presley ni a los Rolling Stones. Y tampoco canción española. Claro está que yo no tenía ni voz ni voto, y todo aquello que traían mis hermanos iba, literalmente, a misa. Si ellos no escuchaban a Elvis ni a los Rolling, se debía porque seguramente no eran buenos… ¡ay!
Y tras el Mundial, llegó mi aparatosa entrada oficial en la adolescencia. Y esa explosión inicial se convirtió en huracán desmedido por la música. Pero eso ya es otra historia.
Llegó el día.
No sé que exito tendrá la iniciativa.
No sé si servirá para detener, aunque sólo sea un caso, esta verdadera lacra.
Pero, por mi no va a quedar en aportar lo poco que puedo desde este blog.
Pero hoy, 20-N, es el día en que miles de bloggers de todo el mundo alzamos la voz para intentar concienciar a nuestras redes de amigos, conocidos y lectores de esta tragedia.
Esta es una campaña que han iniciado dos buenos amigos míos de la época universitaria. Cuando los encontré de nuevo en Facebook, casi 20 años después de terminar la carrera, y vi lo que estaban haciendo no pude más que brindarles mi pequeño apoyo. Un granito de arena… que tú también puedes hacer tuyo: “la viralidad del bien”
Estos dos amigos son dos periodistas galegos. Nacho de La Huella Digital y Paco de Vagon-Bar.
Muchos medios y organizaciones han dado ya su apoyo… el tuyo ¿dónde está?
Copio directamente de :: La Huella Digital | 20-N este post que comparto punto-por-punto.
Ya es 20 de noviembre y hoy miles de blogs y webs de todo el mundo gritamos contra la pornografía infantil escribiendo posts como este.
Si has llegado hasta aquí buscando angels, lolitas, boylovers, preteens, girllovers, childlovers, pedoboys, boyboys, fetishboys o feet boys, vete directamente a la mierda. Por depravado sexual e indeseable. Te escondes en tu anonimato y tu vida aparentemente normal, pero sabes que algo gordo falla. Si buscas morbo o imágenes de menores desnudos en la Red y te da placer hacerlo, que sepas que eres un enfermo mental. Con tus aberraciones estás haciendo sufrir a los más pequeños, estás pisoteando pequeños corazones rotos a los que ni siquiera dejas tener la felicidad de la infancia. Eres basura y como tal vete ya de aquí. Ojalá en tu siguiente búsqueda te encuentres con otro de los miles y miles de blogs y webs que hoy y siempre vamos a gritar contra la pornografía infantil, la pedofilia y la pederastia. Unas lacras que, en mi opinión, son las mayores aberraciones que puede cometer un ser ¿humano?
PD: Circula por la Red un contundente vídeo-denuncia sobre la presencia de la pornografía infantil en una conocida red social, con páginas abiertas a cualquiera, ante el pasotismo generalizado de las autoridades pertinentes. Desde luego saca los colores a cualquiera.