Opiniones propias y ajenas sobre lo que me da la gana.
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El president del Parlament y la puñetera ignorancia

Cuando un representante institucional hace gala impúdica de su estulticia política me enciendo.

Me encendí con la patética estampa del conseller en cap, de cuyo nombre no quiero acordarme, haciendo la estúpida broma de la Corona de Espinas. Me caliento cuando el líder de la oposición se calla y se la envaina cuando se le recuerda lo del “3 %”.

Leo unas declaraciones de , presidente del y me quedo asombrado, alucinado, perplejo y muy cabreado. Leo esas declaraciones y veo a un político insensible, arrogante, chulo, malcarado y maleducado al reírse de forma despreciable de la situación de miles de familias catalanas.

¿Que mezclo churras con merinas? No. Veamos los hechos.

La cosa se remonta a esta noticia: la que informaba que el Parlament contrató a traductores al castellano para atender a la delegación de Nicaragua -decisión discutible según sea la sensibilidad lingüística de cada uno*.

Y el President del Parlament ha abierto la boca.

No ha sido uno de mis compañeros de trabajo mientras tomábamos un café. No era el director de la sucursal bancaria mientras se fumaba un cigarrillo en la acera conmigo e intentaba explicarme lo mucho que le dolía tenerme que decir que “no”. No era el panadero uruguayo al que le compramos el pan todos los días y que se levanta de madrugada para construir su negocio y mantener a su familia.

Habló el President del Parlament. Y lo que ha dicho me ha encendido. Y mucho.

El president del ha dicho:

La imagen que tiene el ciudadano de la calle es que se han gastado 1.000 euros en traducciones. Pero nadie explica que el Parlament en dos años ha rebajado 12 millones de euros su presupuesto, de uno de 72 millones. Este esfuerzo de contención que hemos hecho, ahora por mil puñeteros euros, perdón, se va todo

¿1.000 euros son puñeteros? ¿Para quien? Para él -que tiene un sueldo de 153.000 € anuales – quizás sean puñeteros. Para él, que no tiene que sacárselos de su bolsillo y cuyo sueldo es el doble que el de un ministro, quizas sean puñeteros. Para él, que ha visto como miembros de su partido encargaban informes inútiles de miles de euros, quizás sean incluso miserables a la par que puñeteros.

Sabe el señor Benach ¿cuánto cuesta ganar 1.000 “puñeteros” euros? Para una asistenta del hogar 1.000 “puñeteros” euros pueden ser entre 120 y 130 puñeteras horas de trabajo de limpiar mierda ajena. Para la gran mayoría de familias 1.000 “puñeteros” euros es lo que les cuesta su hipoteca-ruina.

Pero claro, para alguien que gana 153 veces más que la asistenta, 1.000 euros son sólo eso: “puñeteros”.

Mire señor Benach, entiendo perfectamente su frustración porque la gente -esos puñeteros votantes/contribuyentes que cada cuatro años les votan y que para los que conseguir 1.000 “puñeteros” euros supone un esfuerzo titánico- no valore la contención del gasto que dice haber conseguido.

Pero bien visto ¿está orgulloso de ese ahorro? Yo lo estaría. ¿Iría fanfarroneado de eso? No, si es parte de mi trabajo. Faltaría más.

O sea que señor Benach no me sea puñetero, porque quien está a punto de irse a hacer puñetas son miles de familias que no son capaces de ganar mil puñeteros euros en un mes. Le recuerdo que esos 1.000 puñeteros euros son sólo un puñetero 0,6% de lo que usted gana en un puñetero año.

O 20 veces menos del valor de las puñeteras reformas de su puñetero coche oficial.

Parafraseando al Jefe del Estado al cual usted pertenece, ¿por qué no se calla de una puñetera vez?

* Respeto la decisión de esa contratación. Pero me parece una estupidez de tomo y lomo teniendo en cuenta que el castellano es un idioma cooficial en Catalunya y que los señores diputados del Parlament tienen el derecho y la obligación de entenderlo.

John Allen Muhammad y la pena de muerte

El hombre es capaz de cualquier cosa. De los actos más hermosos y de los más horrendos. Y sabemos de esa tremenda dualidad porque a veces los hemos encontrado en la misma persona. Pero no es el momento de detenerse en ejemplos.

Ayer nos acostamos con la casi certeza de que iba a ser ejecutado al haber sido encontrado culpable por haber disparado y asesinado a 10 personas en Washington. Fue conocido como “Betalway sniper”. Ocurrió en octubre de 2002 y durante 20 días provocó un reguero delirante de muerte y terror.

Hoy nos hemos levantado con la noticia de que John Allen ha sido ejecutado.

Confío en la Justicia en cuanto encontró las suficientes pruebas para declararle culpable de uno de los mayores crímenes posibles: el asesinato.

Pero no creo que la continuación de esa declaración de culpabilidad sea la más idónea: condenarle a la .

No es el momento de compadecer los actos de John Allen. Fueron repugnantes y se merecía un castigo acorde con sus actos y que, además, fuera ejemplar. Pero un castigo debe servir para reconocer la culpa y el error, y también para reconstruir y pedir perdón. Compasión por la persona pero no por sus actos. Compasión por el dolor de las víctimas, todas, siempre, inocentes.

Allen fue culpable y como tal tenía que pagar por el tremendo e injustificable dolor que causó a otras personas.

Sin embargo, ¿es la el castigo más idóneo? Lo que sí parece claro es que con la se corta cualquier posibilidad de regeneración. Y me niego a aceptar que la excusa para aplicar la sea ese determinismo que sugiere que los criminales no son regenerables y será imposible su reinserción. Bien, es posible que no puedan reinsertarse jamás. Pero pueden seguir viviendo.

En una sociedad con tantos avances tecnológicos y con capacidad para levantar muros de seguridad que deberían servir para protegernos de los que no quieren vivir en libertad entre nosotros, es injustificable que aún hoy se siga aplicando la .

Injustificable que se aplique en un país teóricamente espejo de lo que debería ser la defensa de los Derechos Civiles y la democracia.

Injustificable que la única solución para proteger a la sociedad de personas que no quieren vivir en ella y castigarlos por su actitud de violencia extrema, sea su eliminación para siempre.

Deben existir soluciones que no pasen por segar otra vida más y que, en definitiva, no alimenten la espiral de muerte entre los hombres.

Defender la vida humana en toda su extensión me ha llevado a considerarla sagrada desde su concepción hasta su muerte. La como el son agresiones brutales, que en su consideración última esconden un cáncer terrible para la propia humanidad: considerar la vida humana como algo prescindible en función de las circunstancias.

Ni el último árbol del Amazonas tiene más valor que la vida del más perverso de los asesinos.

Con la aún en activo en tantos países el gran castigado es la propia sociedad.

El último párrafo lo dejo como resumen de esta locura. Copiado de El Mundo.

El gobernador de Virginia, Timothy Kaine, negó clemencia al francotirador John Allen Mohamed que aterrorizó a la capital estadounidense hace ahora siete años y que será ejecutado esta noche.

La decisión de Kaine llega después de que el Tribunal Supremo de Justicia de EEUU rechazase el lunes la petición para aplazar la ejecución y se negase a escuchar los argumentos de los abogados de Mohamed quienes sostienen que su cliente es un enfermo mental.

“No encuentro ninguna razón convincente para anular la sentencia que fue recomendada por el jurado y después impuesta y confirmada por los tribunales por lo que declino intervenir”, afirmó en un comunicado Kaine.

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