Opiniones propias y ajenas sobre lo que me da la gana.
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El suplicio de Avatar (primera parte)

Me gustaría tener el dardo de Carlos Abadía para exponer, con sorna y el punto justo de ironía, lo que me está pareciendo . Me había propuesto verla entera, aunque no he sido incapaz de pasar de la primera hora y media. La hora que resta la dejaré para mejor ocasión.

Abreviando que es gerundio. Menudo espanto (me está pareciendo)

Fueron películas como las que, en 1996 me apartaron temporalmente de las salas de cine. Total, que me pasé más de 4 años sin pisar una sala. Y eso que durante años fui capaz de tragarme sesiones triples con mi buen amigo Juan Gorostidi. Y no sólo sesudas disgresiones de Kiarostami, sino todo tipo de cine. Supongo que llegué a tal indigestión de bodrios que mis neuronas, en una sabia reacción natural, me obligaron a un descanso: me hacía falta una desintoxicación.

Llevo hora y media de película y aún así, sin haber terminado de verla, esta película me parece un esperpento pero sin la gracia de Valle Inclán.

Un churro mayúsculo.

Entre las tonterias de la conexión cósmica con la naturaleza -una suerte de disgresión de ética panteista de pichurreta- y el coñazo de la supuesta trama y presentación personajes, el director y los guionistas han necesitado ¡¡hora y media!!

Total ¿pa’ qué? Pa’ ná de ná.

En hora y media -y a veces menos- se han producido obras maestras absolutas.  Chaplin sólo necesito 81 minutos para construir una de las películas más conmovedoras de la historia del cine: Luces de la ciudad.Y la descomunal La Quimera del Oro apenas dura 85.

La diligencia y Pasión de los fuertes de John Ford -cine de acción y aventuras puro y duro- apenas sobrepasan esa hora y media. Pero también Ford dirigió películas de acción y aventuras que superaron las 2 horas y fueron igualmente magníficas.

Chaplin y John Ford fueron directores de enorme tirón. Sus resultados económicos demuestran la credibilidad que tenían entre el gran público; serían comparables a lo que hoy representan Spielberg y Cameron. Y es que nunca nadie podrá decir que Chaplin y Ford no fueron directores comerciales.

Y no estoy en contra de las películas de larga duración. Y si sobrepasan la hora y media tampoco son sospechosas, a priori, de nada. Lo único que lamento es que una hora y media de -con tantos y tantos millones de dólares invertidos- sirve para decir absolutamente “nada de nada”.

Entiendo y hasta cierto punto comparto el concepto de cine como espectáculo. Y me apasiona el cine de ciencia ficción.  Pero el cine espectáculo que renuncia a contar historias de verdad -es decir, renuncia a hablar de la condición humana- me importa un bledo. Y abdica de hablarnos del hombre para dedicarse dar brochazos gruesos típicos de la posmodernidad: picoteo de todas partes para acabar hablando de nada. Toco la responsabilidad del compromiso ecológico, toco el amor, toco la traición, toco lo “que debemos hacer en conciencia”… y en hora media para llegar a ningún punto. Sonrojante ética de bolsillo.

Y si a Cameron le apetece hablar del vínculo con la madre naturaleza -eso sí, a golpe de talonario neoliberal… ergo, poco y nada ecológico- que lo haga. Yo seguiré creyendo que, por lo que llevo visto, su planteamiento cabría en la parte de atrás de una servilleta del McDonalds.

Da la impresión que en el video club de “al lao” de casa de Cameron no les debía quedar ninguna copia de “”. Una verdadera pena… porque todo lo que intenta contar Cameron, Malick ya lo había planteado, destripado y concluido unos años antes. Incluso hizo una extensión en “” pero con muchísimos menos millones de dólares.

Y no me sirve que me digan: espera, espera… que ahí es cuando empieza todo a tener sentido. “Uuuuy sí… el vínculo” (Me imagino a Cameron y sus guionistas buscando desesperadamente un concepto similar al de la Fuerza de Star Wars. Y dieron con el Vínculo. Lo triste es que en esa tormenta de ideas parece que no asistió el Responsable del Sentido Común… Porque, por muy hermosa, bella, impresionante que sea la cosmología pandoreña, su existencia y futuro no hablan del Hombre sino que manifiesta, en un incomprensile y desmesurado ahinco, la profunda “snobez” de los que han creado esta película para hablarnos de la foca y el mosquito amarillo de la cuenca del Llobregat.

“Pero de qué te quejas… ¡ha sido superrentable! A la gente le ha encantado!” Es verdad. También fue superrentable Garganta Profunda, y no por eso la he visto ni pienso verla por mucho que sesudos catedráticos de cine consideren que la “narrativa estructural de los iconos visivos de Linda Lovelace corresponden a un universo rico en detalles psicológicos”. Tururú.

No. no es cine aunque sí que es una película… Y es que corre tanto cine en sus venas como en las películas de Esteso y Pajares o las mamarrachadas de Andy Warhol, que aunque vestidas del casposo sello de lo “alternativo” eran películas pero no cine. Hay más cine en el video de la boda de la prima de Zaragoza que en : al menos, el video de la boda de la prima de Zaragoza me habla de la felicidad de las personas.

será otra cosa que no alcanzo a comprender. Y por el hecho de que se proyecte en una sala de cine y tenga un argumento, no significa que sea cine. Ahora también se “proyectan” partidos de fútbol en salas de cine y, de hecho, algunos parecen tener más argumento que la peli de Cameron.

En fin… me espera una hora de tortura por delante.

“Por cierto, todo este post y ni una crítica argumentada. Todos son comentarios epidérmicos sin argumentación” Es verdad. Totalmente verdad. Pero para eso es mi blog. Y cuando me cabreo, pues eso… me cabreo. Y como decía antes: para argumentar sesudamente sobre chuscos ya tenemos a esos snobs estudiosos del cine que son capaces de encontrar elementos semióticos y narrativos trascendentales en las pelis porno.

(Y ¿por qué continuarás viéndola? Masoca que es uno. Si pude aguantar troncos como “El Dorado” de Saura o “El resplandor” de Kubrick, es pan comido)

La niebla de Frank Darabont: Do the right thing

La niebla de sobre un relato de Stephen King.

No me interesa la literatura de este autor, pero sí algunas de sus adaptaciones al cine. Misery, La Milla Verde o Cadena Perpetua son tres buenas películas. Es más, Cadena Perpetua me parece una película excelente.

Coincide además que Darabont es el director de los dramas carcelarios La Milla Verde y Cadena perpetua.

Un director que me interesa porque se interesa por la persona. Enfrenta a sus personajes ante dilemas morales en los que se identifica el bien -aunque sea en forma nebulosa- y esa posibles consecuencias que no siempre son de su agrado. Incluso en su obra menos acertada (The Majestic) esta es la subtrama que mueve toda la historia. Pequeños cuentos morales a lo Rohmer pero con el acento y la maquinaria Hollywood.

Así pues, teniendo en cuenta que Darabont me entusiasma como director de cine, manos a la obra con La Niebla.

La película me pareció excelente en su planteamiento y nudo… pero en su desenlace, me pareció demoledora. Ha tenido que pasar tiempo, como me ocurrió con de Alfonso Cuaron. En ambos casos, se plantean finales donde el acento de la tristeza puede impedirnos ver, en una primera lectura, la apuesta por la esperanza: haz lo que debas y siempre ganarás.

El final de La Niebla es probablemente uno de los finales más brutales que ha dado el cine reciente. Según cuenta la maquinaria de marketing promocional de la película, Stephen King incluso le gusta más el final de la película que el suyo propio. Curioso.

Me encantaría contar el final para poder explicar el título de este post. . Haz lo que debas.

Sólo un anticipo… el padre protagonista no hace lo que debe. En cambio, quien sí hizo lo que debía es el personaje que cierra el último plano de la película y que como diría sabemos que ha actuado por verdadero amor: “cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.” En una frase: haz lo que debas, sin medir, sin especular.

Quien especula, termina perdiendo.

Trailer \”The Mist\”

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