Creo firmemente que el fin no justifica los medios. Y si confronto esta creencia, que considero central en mi vida, con los métodos que han utilizado los promotores del 1-O concluyo que han pervertido intencionadamente el verdadero sentido de la política: no han dudado en alterar y manipular contextos históricos, económicos y sociales no para celebrar con garantías el referéndum, sino con el único fin de ganar la votación.

Estos son, desde mi punto de vista, los aspectos que hacen que esta convocatoria-movilización, teniendo en origen una motivación legítima, se haya convertido en un relato lleno de falsedades y manipulaciones.

1. El Derecho Internacional y la Constitución no les asiste.

Manipulan deliberadamente las referencias en Derecho Internacional sobre los referendums secesionistas al ocultar que estos son para países de origen colonial. Y, por mucho disgusto y desafección que uno legítimamente pueda sentir respecto a España, el uso de “ como colonia” no se sostiene por ningún lado. La ONU jamás aceptaría semejante comparación.

Por otra parte, en bastantes ocasiones se ha oído a los organizadores afirmar que la Constitución sí permite el referendum: otra manipulación.

2. Ni padecemos un “Estado de sitio” ni sufrimos “Represión”

Utilizar estos conceptos para definir la realidad de Catalunya supone un insulto a todas las víctimas del apartheid o de la represión pinochetista o franquista.

La Constitución española, el gobierno central, el Tribunal Constitucional, las Cortes, la Jefatura del Estado son manifiestamente imperfectos. Como lo son todos y cada uno de las 7.000 millones de personas que poblamos la Tierra.

A estas alturas reconozco que es fácil caer en el desánimo para explicar porque en Catalunya no vivimos en un Estado de sitio ni padecemos una represión como la que practica Erdogan en Turquía. Pero lo intentaremos de nuevo: los detenidos hasta ahora lo han sido por dar soporte a una actividad que podría ser constitutiva de delito y no por motivos políticos.

Y ¿qué ocurre en países donde se sufre represión política?

Y esto, aunque parezca increíble tener que recordarlo, nada de todo esto sucede en Catalunya.

3. Artimañas presentadas como pillerías democráticas.

4. La bajísima calidad política de los promotores.

Dicen que por “sus actos los conoceréis” y éstos no me inspiran ninguna confianza. Un puñado de ejemplos rápidos:

5. Acoso y derribo contra aquellos que disienten públicamente de la línea de los promotores.

La lista de periodistas, políticos y artistas catalanes que, equivocados o no, expresan libre y legítimamente su opinión y que son insultados, menospreciados e, incluso, acosados físicamente, pone de manifiesto cómo el “procès” necesita de la agresividad para mantener alto el ánimo del convencido.

Recuerdo algunos de ellos: Serrat, Évole, Mejide, Marsé, Cercas, Mariscal.

Y lo más doloroso, y la prueba del algodón que resumen todo este desatino, es comprobar el aumento alarmante de repartidores de carnets de “demócrata” y “fascista” en función de lo que opines sobre el 1-O.

Si no se puede discrepar y criticar una ley sin que te llamen fascista es que algo se ha hecho deliberadamente muy mal.

6. Proceso legal opaco.

Resulta que quienes deberían ser exquisitos en la organización del referéndum para garantizar la transparencia y la credibilidad democrática del 1-O, están siendo los que más han vulnerado la ley. Y lo que es peor: han vulnerado, a conciencia, sus propios reglamentos.

En resumen…

Lo que se convoca el 1-O, por mucho que se insista y se nombre como “referéndum”, no lo es. Yo lo veo como una convocatoria ciudadana-popular para realizar “simulacro de” con el doble objetivo de ampliar una base que estaba decreciendo y obtener cierta notoriedad internacional. Pero no llamaré referéndum a una cosa que sustantivamente carece de dos características esenciales: debate previo leal y garantías democráticas en la organización, celebración y escrutinio.

Y por eso, no pienso participar.

Si lo hiciera, estaría aprobando todo estos modos antidemocráticos.

Bonus Track

El esforzado lector que haya llegado hasta aquí se podrá preguntar, lógicamente, porqué no he hablado de la responsabilidad del Estado español. El Estado ha demostrado ser poco sensible a lo que está ocurriendo, actuando con decisiones que han basculado entre la lentitud y la precipitación, siendo muchas de ellas poco prudentes y, sobre todo, haciendo gala de un legalismo tan escrupuloso que sorprende su inacción o lentitud cuando se tratan de temas de corrupción.

Sin embargo, esta actitud bastante criticable del Estado español no ha vulnerado el orden constitucional como sí lo han hecho los promotores del 1-O.

 

Comparte este post.