(Para leer este post podéis escuchar esta playlist que ha preparado La Vanguardia)

A todo premiado le podemos encontrar un rival con más méritos para recibir un premio. Por eso, los premios otorgados por jurados tienen algo de injusto: no por el premiado en sí, si no más bien por los que no han sido reconocidos teniendo tantas o más razones para ello.

Digo todo esto a raíz de la escandalera que se ha montado entorno al Nobel de Literatura que la Academia sueca ha otorgado a .

Intentaré resumir las principales críticas que cuestionan esa decisión.

Dylan no es un “literato”, ergo no debería optar a ese premio. Esta aseveración esconde, de un modo sutil, que lo que él hace son sólo canciones. Con buenas letras, sí. Pero sólo canciones. En el fondo, critican a la Academia por promover el intrusismo profesional de un músico en la literatura. Esa cortedad de miras que sitúa a Dylan sólo como “cantante” o “músico” orilla que, durante siglos, la transmisión literaria se realizó gracias a la música, por lo que el libro no es la razón que define a un literato. En otras artes sí ocurre que el soporte define a qué tipo de disciplina artística pertenece esa obra. Por ejemplo, el cine o la fotografía; pero en la literatura el soporte no es el libro sino la palabra. Aunque si uno revisa los discos de Dylan encontrará que sus letras están impresas y su maquetación respeta una métrica intencionada. Vamos, como un poemario de un poeta cualquiera.

Los hay tremendistas que afirman que, tras este Nobel, podría ser el próximo candidato. Visto así, no deja de ser ingeniosa la comparación; pero resulta cómica cuando sitúas ambos nombres en la misma frase. Veamos el ejemplo: “ es tan buen letrista como Dylan” Que levante la mano quien no se ha sonrojado por semejante tontería.

, McCarthy o Murakami, el eterno nominado, se lo merecían más que Dylan. Aquí volvemos a lo que decía al principio. Si lo hubiera ganado McCarthy, los mismos que se rasgan las vestiduras por el Nobel a Dylan, estarían cabreados porque el premiado debería haber sido Roth. Por cada ganador tendríamos un oponente; y así andaríamos con ganadores y candidatos en un bucle infinito. Pero no olvidemos que Tolstoi, Wolff, Rulfo, Borges tampoco lo recibieron y, en cambio, nadie se escandaliza porque lo ganaran otros autores. Y ese es el drama: sólo se premia a un escritor.

Se ha premiado a Dylan porque ahora la gente no lee libros, sólo lee letras de canciones. No deja de ser curioso que  Dylan produjo su mejor obra en unos años en que la literatura vivió uno de sus particulares booms gracias a autores como Mailer, , Burges, , o García Márquez. Y qué caramba! Hay poetas premiados por el Nobel, y otros que nunca recibieron esa distinción, cuyas mejores obras apenas superan una cuartilla. Pienso en Eliot y en Neruda pero también en Machado o García Lorca.

Personalmente, creo que lo que más molesta es que la figura -para mi indescifrable- de Bob Dylan aúna a partes iguales al poeta y al músico. Y ese valor -el de músico- suena a sacrilegio cuando los otros candidatos llevan apellidos de ilustres escritores.

Dylan ha sido uno de los pilares sobre los que la juventud de los años 60 y 70 se apoyó e inspiró para cambiar el mundo que les rodeaba. No lo hizo porque su música les moviera a ello, sino porque sus versos les catapultó. Sí, versos: “enunciado o conjunto de palabras que forma una unidad en un poema, sujeto a ritmo y a medida determinados”. Justo lo que hace Dylan (pero, además, con música)

Si situamos a Dylan en la esfera de la poesía, creo que no hay en la historia reciente de la literatura versos que hayan inspirado tantos cambios sociales como los de “Blowin’ in the wind”, “The Times They Are A-Changin’”, “Mr. Tambourine Man”, “Like A Rolling Stone” o “Ballad Of A Thin Man”. Pero es que, además, a la capacidad inspiradora de Dylan hay que sumarle la enorme calidad de sus versos. Sabina lo define como “un torrente y un caos”, pero eso, lejos de ser una crítica peyorativa, es una aproximación que ayuda a comprender cómo escribe Dylan.

Por eso -por su aportación al mundo actual mediante el uso de la palabra- le han dado el Nobel. Y esas críticas esconden algo de elitismo snob porque consideran a Dylan un advenedizo… y nada más lejos de la realidad.

P.D.: Os dejo esta magnífica portada de The New Yorker.

dylan

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