Una de las imágenes de estos la ha dado el femenino: unas jugadoras alemanas en biquini bloqueando el ataque de unas egipcias embutidas en un traje que lo tapaba casi todo. Las conclusiones de los apocalípticos no se han hecho esperar. Su mensaje final se puede resumir en: gracias a la connivencia de la izquierda timorata, en pocos años, nuestras mujeres se verán obligadas a vestir así (en referencia a las egipcias, claro)

Se deduce de esa visión que, si aceptamos que determinadas personas participen en una competición con un traje de neopreno cuando lo comúnmente aceptado es el biquini, volveremos, indefectiblemente, a las cavernas.

En mi vida he jugado a nada en la playa. Quizás algunos castillos de arena y unas patéticas inmersiones con gafas y los patos del mercadillo. Y es que la playa siempre me ha parecido un coñazo: andar sobre la arena me supone un suplicio y además no soy muy amigo del sol. Aún se recuerda un épico planchazo –digno de aparecer en los top Vine- en una playa de la Costa Brava. Así que no soy quién para determinar si el chandalburka es cómodo o no para una competición en la playa.

Y, aunque tampoco sé nada de volley playa, algo me dice que la indumentaria de las egipcias no parece la más apropiada para la práctica de un deporte que exige movimiento continuo. Y hasta aquí mi valoración sobre su vestimenta.

De toda esta polémica me sorprende que casi nadie haya recordado la machista norma de la federación internacional de volley, amenazando a jugadoras con la expulsión de sus competiciones, si no vestían con ropa ajustada para que se marcaran bien sus caderas, traseros y pechos. Una norma que, aunque estuvo en uso durante 13 años, fue derogada en 2012. Para poner en contexto esa norma, recordar que obligaba a que el bikini no tuviera una anchura superior a seis centímetros.

Sin embargo, otras federaciones como la de balonmano aún mantiene normas parecidas… para balonmano playa femenino.

Me da la impresión que ambas parejas escogieron su indumentaria presionadas por el entorno. La vestimenta, desde el punto de vista occidental, tiene que ver con los cánones comerciales y un, hasta cierto punto, tono machista de “muévete chica, que te veamos bien el culo”.

Pero y ¿si las egipcias estuvieran incómodas sabiendo que millones de personas están comparando si sus culos son más bonitos o no que los de las alemanas en lugar de analizar si su juego de red era el idóneo?

Los habrá que dirán que la decisión de las egipcias sería aceptable si no hubiera sido dictada por una religión que trata a la mujer como una posesión del hombre. Probablemente tengan razón. Pero, ¿acaso las alemanas no van al dictado de una sociedad masculinizada dominada por una moda que quiere ver culos atléticos?

Sobre este tema he compartido ideas con @mdoval en Twitter. Montse me ha refrescado lo que contaba Rosa Echevarría –periodista de rango- sobre “” y “”. Rosa comparaba la opresión por el dolor en la obra de y la opresión por el placer en la de . Y decía -continúa recordándome Montse- que la segunda es más poderosa, por razones obvias. Tiene la complicidad del sujeto, es más sutil, no se percibe. Y eso nos pasa: las imposiciones del mercado, no parecen imposiciones. Y lo son, porque se asumen.

La pregunta es ¿quién fue más libre en ese partido?

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