Entiendo que prohibir el uso de esteladas en la final de la es un agravio (peligroso) a la libertad de expresión y pitar al himno y al rey es una gilipollez propia de maleducados inmaduros. Y, por eso, no voy a entrar en estos aspectos del debate.

A estas alturas nadie discutirá que el uso de la en un partido de fútbol -para más inri de la Copa del Rey- tiene una motivación política que trasciende el mero evento deportivo. Personalmente, no me gusta estos cruces de deporte y política ya que, cuando los argumentos políticos abusan de los deportivos se termina pervirtiendo la esencia deportiva.

En este sentido, la declaración de Concepción Dancausa, delegada del gobierno en Madrid, y las reacciones de algunas personalidades en criticando esta decisión indicarían, en primer término, una cortedad de miras alarmante. O, lo que es más probable, que ya les va bien a todos reavivar un debate que, por momentos, presentaba signos de desinterés en la opinión pública. Y es que el 26J hay elecciones; y, claro, levantar la líbido patriótica de muchos votantes puede ser un punto a favor.

No me cabe la menor duda que entrarán esteladas al campo. Y serán bastantes. Quizás miles. Y ante eso las fuerzas de seguridad del estado no podrán hacer nada. Precisamente para garantizar la seguridad ciudadana no entrarán a requisarlas cuando se muestren con la aparición del rey o cuando suene el himno español o cuando se llegue al 17:14. Y ahí, la delegada quedará con el culo al aire dejando en ridículo a las FFSS, al gobierno y al sumsum corda. Pero, tranquilos: es sólo apariencia. No importará.

Su medida quedará en nada, provocando además un aumento de la erótica procesionista de los “steladers”. Esa imagen dará la vuelta al mundo y recibirá la simpatía de todos los medios de comunicación: “la desobediencia civil pacífica de los catalanes triunfa en Madrid”.

Dudo mucho que esto no lo haya tenido en cuenta Mariano y su equipo de campaña. Con todo esto, el partido volverá donde ambos bandos - y procesionistas- quieren estar: en la confrontación por estupideces.

Y ya que estamos en el ránking de las estupideces, la delegada juega fuerte cuando argumenta que esa bandera es ilegal. No apreciada Concepción: es ilegal cuando se pretende que sustituya una insignia o símbolo oficial. Y ampararse en el 2.1. de la Ley del Deporte (prohíbe “la exhibición en los recintos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte organizados para acudir a los mismos de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o se utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo”) causa risa.

Seguimos con el ránking de estupideces. Empatado se sitúa el president . Si bien la decisión de la delegada podría parecer de una inconsciencia calculada, la amenaza de -no asistir a la final porque el gobierno español no permite que se lleven y muestren esas banderas- es un agravio a todos los catalanes que no sienten esa bandera. Por cierto, bandera no oficial. Otra muestra más de victimismo, también, calculado.

Y a todo esto, en medio, estamos millones de aficionados que nos la trae al pairo la intolerancia del PP, el victimismo infantil de los procesionistas y, en consecuencia, su dichosa pelea de patio de colegio.

Como diría un amigo mío: os podéis ir a pastar.

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