Se están cargando de plano todo lo relacionado con los orígenes de #15M, #democraciarealya, #nolesvotes, #acampadasol, #acampadabcn.
O mejor dicho, ya se lo han cargado.
La cita del título corresponde a una gran canción de Lluís Llach, que probablemente si leyera este post -que no lo hará- se horrorizaría tanto como se horrorizó el gran Quino cuando las juventudes de AP se apropiaron de uno de sus personajes (creo que la propia Mafalda) Pero bueno, me sirve para situar el tema del post: #25M, 10 días después, vino el desencanto porque nos traicionamos… o nos dejamos traicionar: sus protestas iniciales que tantos secundamos, ahora apenas tienen algo que ver con las “Asambleas del Amor y la Espiritualidad”
Se han cometido muchos errores de bulto que han ido deformando a gran velocidad lo que podría ser algo milagroso: “volver a creer que las personas de la calle podemos intervenir en política”
El tren del #15M ha descarrilado porque a los maquinistas se les embaló demasiado la locomotora. Eso a medio plazo puede conllevar un doble problema añadido: para volver a “rearmar el movimiento #15M” podrían enfrentarse con el cansancio (por tener que volver a movilizarse) y desconfianza o, en su caso peor, cinismo (que vuelva a pasar lo mismo que ha ocurrido en los últimos días)
O como dice el refranero popular: “Para este viaje no hacen falta estas alforjas”
No olvidemos que no somos una país de movilizaciones de largo recorrido y que no tenemos la cultura frentista que pueda tener Francia.
Discutía con un muy buen amigo que estos movimientos para perdurar en el tiempo necesitaban de a) un líder y b) un mártir. No le di la razón, pero a la luz de lo que ha ido ocurriendo no me queda más remedio que reconocerle que sí la tenía. Por un lado, los líderes concentran el mensaje y se aseguran manterlo en la línea que exige su visión y los mártires son los anzuelos que mantienen la tensión de todas las partes: los “protestantes” y los mass media que dan cobertura.
Por cierto, este buen amigo es Carlos Abadía. Tiene uno de esos blogs qeu hablan desde la sensatez de las cosas. Por tanto, es de lectura obligada. Tiene bastantes posts con un análisis tan fino y una escritura tan fresca que, demasiado a menudo, me genera una envidia insana.
Y ahora sí. Para el final dejo la letra original de Llach:
COMPANYS, NO ÉS AIXÒ
No era això, companys, no era això
pel que varen morir tantes flors,
pel que vàrem plorar tants anhels.
Potser cal ser valents altre cop
i dir no, amics meus, no és això.
No és això, companys, no és això,
ni paraules de pau amb garrots,
ni el comerç que es fa amb els nostres drets,
drets que són, que no fan ni desfan
nous barrots sota forma de lleis.
No és això, companys, no és això;
ens diran que ara cal esperar.
I esperem, ben segur que esperem.
És l’espera dels que no ens aturarem
fins que no calgui dir: no és això.
Ya puestos, sería justo citar al autor de la cita a la cual citaba a su vez la canción de Lluís Llach. El “no es eso, no es eso” era de Ortega y Gasset (artículo publicado en el 31 o 32 en el diario El SOL, en el que criticaba el devenir demagógico de la II República a la que poco antes había acogido con gozo… os recuerda algo?)
Y decir que estos movimientos, puede ser cierto que para perdurar en el tiempo necesiten un líder o un mártir… pero sobretodo, necesitan unidad de acción y de objetivos… El solo hecho de que hayan tardado menos en decidirse a acampar que en definir su ideología (y todavía no está clara…) evita las nuevas adhesiones, que son esenciales para esa perdurancia. Normalmente, “revoluciones” similares han triunfado a veces, sin demasiada definición, pero es cierto que tenían líderes, y ya solamente seguir al líder, clarifica un objetivo común aunque que sea por pura sumisión.
[...] la hoja de ruta común del #15M (los 4 puntos) hemos pasado a una cosmología política tan amplia que de ambiciosa me parece ilusa, utópica [...]