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Con pocos días de separación los digitales Ara.cat y Vilaweb -ambos de indisimulada y legítima tendencia independentista- han publicado dos artículos en los que la palabra “síntoma” aparece en los titulares. Ambos coinciden en el tema y en los principales protagonistas. Ambos ponen el acento en el mismo asunto: hay algo que el proceso independentista catalán -o algunos independentistas destacados- está haciendo mal.

Y eso que se está haciendo mal y que, tanto Xavier Fina como Joan M. Minguet Batllori coinciden en criticar, tiene que ver con la confrontación, la negación y la exclusión.

El asunto es simple. En las próximas fiestas de la Mercè -patrona de Barcelona- el ayuntamiento de Ada Colau ha invitado al escritor Pérez Andújar a realizar el pregón. Este escritor ha publicado, en más de una ocasión, sus opiniones muy criticas acerca del “procès independentista”.

Utilizando la ironía como recurso troncal, estos artículos han sido muy mal recibidos por una mayoría de lectores independentistas. Evidentemente, si invitas a un acto institucional a un escritor que no sólo no comulga con el proceso si no que, además, es muy crítico con éste, la reacción indepe a esa invitación se entiende previsible: se lo han tomado como una ofensa.

Y digo previsible, no porque los artículos de Pérez Andújar fueran ofensivos si no porque al independentismo catalán le cuesta aceptar las bromas, chistes e ironías a menos que quien se cachondee de él forme parte de la oficialidad y que, dicho sea de paso, suele ser un humor superficial, muy benévolo y casi consensuado con los promotores del mismo procès.

Pero claro, Pérez Andújar no es de la cuerda de Toni Soler, Toni Alba y Pilar Rahola y, además, Pérez Andújar suele publicar en El País. Sólo con eso, para muchos indepes ya es suficiente para arremeter contra la decisión de la alcaldesa y promover un boicot. Y en eso andamos: con un boicot indepe al pregón de La Mercè.

El Periódico ha terciado en el asunto recuperando un video de Toni Alba en el que el cómico, para promocionar una consulta independentista, realizó una aproximación parecida al estilo de Pérez Andújar: ironía, sentido del humor y ganas de tocar las narices al estado español. Sin embargo, Albà incluía una reflexión altamente inflamable y muy tóxica: “quiénes no amen Catalunya que se marchen”.

El boicot a Pérez Andújar incluye un pregón alternativo que pronunciará -como no- Toni Albà quien anda muy ofendido por esos artículos del pregonero oficial y por la decisión del Ayuntamiento de darle voz. Toni Albà se disfrazará Felipe V para dar su visión.

Y así estamos. Con la ofensa ajena como síntoma, el “y tú más” como razón de ser y la exclusión y el boicot como herramienta de presión. De patio de colegio.

Pero de debate serio, racional y sin prejuicios, nada de nada.

P.S.: Ya sé que citar a Mendoza en este post puede entenderse mal, pero seguimos sin noticias de Gurb :-)

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Una de las imágenes de estos Juegos Olímpicos la ha dado el volley playa femenino: unas jugadoras alemanas en biquini bloqueando el ataque de unas egipcias embutidas en un traje que lo tapaba casi todo. Las conclusiones de los apocalípticos no se han hecho esperar. Su mensaje final se puede resumir en: gracias a la connivencia de la izquierda timorata, en pocos años, nuestras mujeres se verán obligadas a vestir así (en referencia a las egipcias, claro)

Se deduce de esa visión que, si aceptamos que determinadas personas participen en una competición con un traje de neopreno cuando lo comúnmente aceptado es el biquini, volveremos, indefectiblemente, a las cavernas.

En mi vida he jugado a nada en la playa. Quizás algunos castillos de arena y unas patéticas inmersiones con gafas y los patos del mercadillo. Y es que la playa siempre me ha parecido un coñazo: andar sobre la arena me supone un suplicio y además no soy muy amigo del sol. Aún se recuerda un épico planchazo –digno de aparecer en los top Vine- en una playa de la Costa Brava. Así que no soy quién para determinar si el chandalburka es cómodo o no para una competición en la playa.

Y, aunque tampoco sé nada de volley playa, algo me dice que la indumentaria de las egipcias no parece la más apropiada para la práctica de un deporte que exige movimiento continuo. Y hasta aquí mi valoración sobre su vestimenta.

De toda esta polémica me sorprende que casi nadie haya recordado la machista norma de la federación internacional de volley, amenazando a jugadoras con la expulsión de sus competiciones, si no vestían con ropa ajustada para que se marcaran bien sus caderas, traseros y pechos. Una norma que, aunque estuvo en uso durante 13 años, fue derogada en 2012. Para poner en contexto esa norma, recordar que obligaba a que el bikini no tuviera una anchura superior a seis centímetros.

Sin embargo, otras federaciones como la de balonmano aún mantiene normas parecidas… para balonmano playa femenino.

Me da la impresión que ambas parejas escogieron su indumentaria presionadas por el entorno. La vestimenta, desde el punto de vista occidental, tiene que ver con los cánones comerciales y un, hasta cierto punto, tono machista de “muévete chica, que te veamos bien el culo”.

Pero y ¿si las egipcias estuvieran incómodas sabiendo que millones de personas están comparando si sus culos son más bonitos o no que los de las alemanas en lugar de analizar si su juego de red era el idóneo?

Los habrá que dirán que la decisión de las egipcias sería aceptable si no hubiera sido dictada por una religión que trata a la mujer como una posesión del hombre. Probablemente tengan razón. Pero, ¿acaso las alemanas no van al dictado de una sociedad masculinizada dominada por una moda que quiere ver culos atléticos?

Sobre este tema he compartido ideas con @mdoval en Twitter. Montse me ha refrescado lo que contaba Rosa Echevarría –periodista de rango- sobre “1984” y “Un Mundo feliz”. Rosa comparaba la opresión por el dolor en la obra de Orwell y la opresión por el placer en la de Huxley. Y decía -continúa recordándome Montse- que la segunda es más poderosa, por razones obvias. Tiene la complicidad del sujeto, es más sutil, no se percibe. Y eso nos pasa: las imposiciones del mercado, no parecen imposiciones. Y lo son, porque se asumen.

La pregunta es ¿quién fue más libre en ese partido?

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Entiendo que prohibir el uso de esteladas en la final de la Copa del Rey es un agravio (peligroso) a la libertad de expresión y pitar al himno y al rey es una gilipollez propia de maleducados inmaduros. Y, por eso, no voy a entrar en estos aspectos del debate.

A estas alturas nadie discutirá que el uso de la estelada en un partido de fútbol -para más inri de la Copa del Rey- tiene una motivación política que trasciende el mero evento deportivo. Personalmente, no me gusta estos cruces de deporte y política ya que, cuando los argumentos políticos abusan de los deportivos se termina pervirtiendo la esencia deportiva.

En este sentido, la declaración de Concepción Dancausa, delegada del gobierno en Madrid, y las reacciones de algunas personalidades en Catalunya criticando esta decisión indicarían, en primer término, una cortedad de miras alarmante. O, lo que es más probable, que ya les va bien a todos reavivar un debate que, por momentos, presentaba signos de desinterés en la opinión pública. Y es que el 26J hay elecciones; y, claro, levantar la líbido patriótica de muchos votantes puede ser un punto a favor.

No me cabe la menor duda que entrarán esteladas al campo. Y serán bastantes. Quizás miles. Y ante eso las fuerzas de seguridad del estado no podrán hacer nada. Precisamente para garantizar la seguridad ciudadana no entrarán a requisarlas cuando se muestren con la aparición del rey o cuando suene el himno español o cuando se llegue al 17:14. Y ahí, la delegada quedará con el culo al aire dejando en ridículo a las FFSS, al gobierno y al sumsum corda. Pero, tranquilos: es sólo apariencia. No importará.

Su medida quedará en nada, provocando además un aumento de la erótica procesionista de los “steladers”. Esa imagen dará la vuelta al mundo y recibirá la simpatía de todos los medios de comunicación: “la desobediencia civil pacífica de los catalanes triunfa en Madrid”.

Dudo mucho que esto no lo haya tenido en cuenta Mariano y su equipo de campaña. Con todo esto, el partido volverá donde ambos bandos -PP y procesionistas- quieren estar: en la confrontación por estupideces.

Y ya que estamos en el ránking de las estupideces, la delegada juega fuerte cuando argumenta que esa bandera es ilegal. No apreciada Concepción: es ilegal cuando se pretende que sustituya una insignia o símbolo oficial. Y ampararse en el 2.1. de la Ley del Deporte (prohíbe “la exhibición en los recintos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte organizados para acudir a los mismos de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o se utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo”) causa risa.

Seguimos con el ránking de estupideces. Empatado se sitúa el president Puigdemont. Si bien la decisión de la delegada podría parecer de una inconsciencia calculada, la amenaza de Puigdemont -no asistir a la final porque el gobierno español no permite que se lleven y muestren esas banderas- es un agravio a todos los catalanes que no sienten esa bandera. Por cierto, bandera no oficial. Otra muestra más de victimismo, también, calculado.

Y a todo esto, en medio, estamos millones de aficionados que nos la trae al pairo la intolerancia del PP, el victimismo infantil de los procesionistas y, en consecuencia, su dichosa pelea de patio de colegio.

Como diría un amigo mío: os podéis ir a pastar.

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Cormac McCarthy narra en The Road el terrible viaje a ninguna parte de un padre y su hijo arrojados en medio de un mundo devastado por una catástrofe donde la escasez de recursos ha convertido a la mayoría supervivientes en caníbales.

Esta trama, la principal, sirve de excusa a McCarthy para reflexionar sobre las consecuencias de la máxima de Hobbes: si el hombre es un lobo para el hombre, ¿queda espacio para la caridad?.

El autor, ocupado en construir un relato desnudo, omite deliberadamente tres aspectos básicos de cualquier narración: la causa del holocausto, nombre y edad de los personajes, y el tiempo y el espacio geográfico donde transcurre la acción. De este modo, La Carretera adquiere un alcance universal: esto es lo que ocurrirá independientemente del cuándo, el porqué, el dónde y el quién.

El lector, abrumado y dolorido ante esa carretera sin mapa, se enfrenta a la gran pregunta con una aterradora perplejidad: ¿sabré estar a la altura de las circunstancias cuando llegue el momento?

Eso sí, McCarthy lanza una advertencia terrible: nuestros actos no serán espontáneos; serán reflejos de cómo hemos vivido, de cómo hemos amado.

Y ante este panorama el lector buscará el vano consuelo de creer que The Road es una novela de ciencia ficción. De un tiempo que nunca llegará.

Pero mientras nos sentimos seguros parapetados tras nuestras poderosas e indestructibles cuentas de Twitter, Change.org o Facebook, The Road ya empezado. En Idomeni. En Lampedusa. En Sudán. En las vallas de Ceuta.

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España es, pese a las imperfecciones lógicas de cualquier constructo humano, un estado de derecho. Eso significa que hay un compromiso firme para defender el ejercicio de la libertad y se intenta perseguir, en su justa medida, a aquellos que intentan destruirla. Hemos cometido errores y equivocaciones, pero en eso estamos desde 1975: luchando para que este estado de derecho deje hacer a los buenos e impida a los malos darnos por saco.

Ayer, Jordi Évole sentó a su mesa a Arnaldo Otegi, un político, no sé si ya ex miembro de ETA, y condenado por pertenencia a banda armada.

Sentar a alguien de este perfil para desentrañar qué diablos pasa por su cabeza enferma no es malo. Al contrario: es lo que hace fuerte a una democracia. Es lo que nos separa de la animalidad irracional de las bestezuelas como Otegi. Sirve para marcar una raya: nosotros la palabra y la razón, ellos -ese que veis ahí sentado argumentando como una ameba- la bala en la nuca y el hoyo del secuestrado.

Hasta ahí, perfecto Jordi Évole. Más que legítimo diría que es necesario. Sano. Provechoso. Pero para acercarse a esta temática mediante una entrevista -ergo, dejarle hablar- hay que tener un cuajo especial y, además, tener en cuenta unas cuantas cosas que no hiciste. Te lo explico a continuación.

Jordi, te olvidaste de una regla elemental en periodismo: cuando se entrevista a un delincuente, el entrevistador tiene la obligación de pertrecharse de los suficientes recursos emocionales y morales para no caer en una especie de síndrome de Estocolmo. Si cae, como te pasó Jordi, es que algo no ha funcionado bien.

El problema continúa cuando, con indisimulada soberbia, intentas conseguir el mismo nivel protagónico que el entrevistado. Esa soberbia la podemos comprobar en cómo fue tu reacción al aluvión de críticas.

Y el problema estalla cuando, ya no sé si por miedo o por buenismo ignorante, permites que el entrevistado -un animal confeso- abuse de tu altavoz para intentar hacernos creer que nosotros, los que ni disparamos ni secuestramos ni extorsionamos, tenemos la misma responsabilidad que los matarifes Txiquierdi, Troitiño, Kubati o Inés del Río. Sí, he dicho: “permites”.

No Jordi. No se puede dejar el micro -mientras interpretas el rol nada creíble de periodista escandalizado- a quien ha apostado por la via de la violencia y que, válgame Dios qué sorpresa, no ha condenado ni Vic, ni Zaragoza, ni Hipercor… ni hasta los más de 800 muertos y no ha manifestado ninguna compasión por las miles de familias destrozadas que ha dejado la organización a la que él perteneció y la que, por desgracia, aún sigue justificando.

Hagamos un ejercicio a la inversa apreciado Jordi. Una prueba del algodón: ¿Tratarías igual al más asqueroso de los banqueros imputado por uso y abuso de nuestros ahorros? ¿Al peor de los pederastas?

El historial de los actos del entrevistado rotura el tono de la entrevista. Y en este caso, Otegi, un condenado que no ha mostrado arrepentimiento alguno y que nos sigue señalando como su enemigo, no puede tener el mismo trato que el ganador del premio Nobel de la Paz. No. Ni se puede ni se debe.

Por todo esto, aunque te pese Jordi, lo que has hecho no es periodismo. Es exhibicionismo oportunista. Y eso es lo peor que puede hacer un periodista.

Y una última cosa Jordi, la foto de familia -“que se note que la barbacoa entre amiguetes nos ha salido de narices”- además de innecesaria es obscena.

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P.D.: En este mismo blog defendí a Jordi Évole cuando, en un sanísimo ejercicio para purgar demonios, realizó su polémico “mockumentary” sobre el 23-F.

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Europa, consciente de un peligro real y aterrador, deambula perpleja porque no sabe cómo afrontar la terrible amenaza del miedo. Inmersa en un estado destructivo que mezcla, a partes iguales, la autoculpa, la ira y el pánico a provocar, Europa se ha metido en un laberinto donde confunde estrategias y tácticas.

Se alzan voces que exigen una respuesta contundente, sin miramientos. Una respuesta quirúrgica, que en una muestra de cinismo cruel, se llevará por delante a miles de civiles indefensos. Otros giran el dedo acusador hacia Occidente y encuentran en nuestra avaricia occidental el abono donde han crecido estas malas hierbas. Los hay que, desgraciadamente, empiezan a asumir que un día de estos pueden ser ellos quienes estén en un tren o en una sala de conciertos elegida por los terroristas y que ningún gobierno europeo lo podrá evitar. Los hay que señalan a los refugiados y, por extensión, los hay quienes señalan a los que señalan a los refugiados.

“La pobreza y la ignorancia es el origen del problema” claman los buenistas del “buen salvaje party”. Sus detractores les recuerdan que Bin Laden y los otros líderes terroristas eran millonarios formados en las mejores escuelas europeas y americanas y que hay países, mucho más pobres y con mayores tasas de analfabetismo, que no se dedican a masacrar al otro.

Y, por supuesto, los hay que meten en el mismo saco del problema a todas las religiones. Unos porque afirman que es una guerra de religiones y otros porque defienden, con una beligerancia inusitada,  que las religiones son el origen del problema.

Y así me imagino a esos malnacidos que sólo buscaron la destrucción y la barbarie un once de marzo o un trece de noviembre (ACTUALIZACIÓN: o una Nochevieja); contentos en sus cuevas mientras confirman que eligieron bien su estrategia: hurgar en las heridas de una Europa de conveniencia. Y su plan nuclear ha surtido efecto. Europa está hoy más cortocircuitada, débil, confudida y dividida.

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Actualización: las agresiones sexuales de Colonia en Nochevieja creo que fueron un atentado. Atacaron a grupos con menos recursos de defensa, a traición, en masa, organizadamente, humillando.

 

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En Catalunya usamos “no tot són flors i violes” para expresar que una situación no es tan clara y plácida como parece. Equivale en castellano al “no todo el monte es orégano”.

Vayamos por partes.

Es indiscutible…

1. que Junts pel Sí (JxS) ha ganado las elecciones

2. que el bloque independentista obtiene una mayoría absoluta muy holgada en escaños

3. que la propuesta de Cs ha crecido con más fuerza de los previsto

4. que el PP obtiene sus peores resultados desde 1992, lo que anticipa un largo y tortuoso camino hasta las próximas generales

5. que el esperado tortazo del PSC no se ha producido aunque los resultados indican que Catalunya ya no es su segundo granero de votos

6. que la propuesta del “seny” Unió ha sido rechazada y que se da por finalizada la etapa de Durán i Lleida y, probablemente, la de Espadaler

7. que los resultados de CSQEP (ergo la suma de Podemos y ICV) suponen una gran decepción en Podemos

8. que a mayor participación, más voto “no independentista”

Pero ya parece más discutible…

1. que los anticapitalistas y antieuropeístas de la CUP apoyen la investidura de Mas

2. que la victoria en clave plebiscitaria sea aceptada por todos los independentistas

https://twitter.com/cupnacional/status/622696503157596160

https://twitter.com/cupnacional/status/622696503157596160

3. que el voto independentista supere el techo de los 2 millones

4. que con el 47% de los votos expresados inequívocamente en clave independentista, sea suficiente para proclamar la independencia:

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5. que Mas y Junqueras se feliciten por haber perdido 9 escaños yendo unidos

6. que Mariano Rajoy haya entendido algo y se digne a llamar a alguien de los vencedores para comentar, no sé, algo

7. que Unió pueda recuperarse tras haber desaparecido del Parlament

8. que el modelo electoral actual pueda representar una analogía del concepto real de “referéndum”. Dicho de otro modo, si tuviéramos Catalunya como circunscripción única, los resultados de unas elecciones plebiscitarias reales habrían sido sustancialmente distintos:

  • – JxS+CUP (72): 66 (-6 y a dos de la mayoría absoluta)
  • – Cs (25): 25 (=)
  • – PSC (16):17 (+1)
  • – PP (11): 11 (=)
  • – CSQEP (11): 12 (+1)
  • – Unió (-): 3 (+3)
  • – Pacma (-): 1 (+1)

Ahora seis apuestas y un consejo.

  • – Que el error de lectura del PP -fiarlo todo a la recuperación económica y olvidar la dimensión sentimental del votante- ha sido de tal envergadura, que rodarán cabezas. Pero será tarde. Demasiado tarde. Además, si insisten en “hemos tenido errores de comunicación”, chupito.
  • – Se abrirán negociaciones para evitar que Catalunya continúe en un eterno proceso electoral: no se ha producido ninguna mayoría holgada que permita muchas alegrías e imposiciones.
  • – Pablo Iglesias no llega a la Moncloa y se intuyen tensiones entre los tres sectores de Podemos: los “me la sopla todo”, los indepes y los unionistas.
  • – En JxS veremos noches de cuchillos largos y algún que otro Idus de Marzo, Mas mediante.
  • – La UE no aplaudirá con entusiasmo la victoria condicionado de JxSi ni su posible matrimonio conveniencia con la CUP (anticapitalistas y antieuropeistas).
  • – Continuarán los reproches y los menosprecios mutuos.

El consejo…

Mariano, Soraya, Arriola & friends: id pidiendo el camión de la mudanza, majos.

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No voy a entrar en el fondo del debate de ayer en 8TV entre Margallo, ministro de asuntos exteriores, y Junqueras, quinto candidato por Barcelona de Junts pel Sí: no hablaré ni de sus argumentos ni de su puesta en escena porque me parece mucho más relevante e interesante un error de cálculo del gobierno español en comunicación pública.

Y es que antes de empezar el debate, Junqueras ya ganaba 5-0.

1. El error más flagrante fue aceptar que un ministro, en calidad de representante del estado, debatiera con un simple candidato de una lista sobre temas de capital importancia. Ese hecho, evidencia la confusión que se vive en Moncloa. ¿Desde cuando un candidato que no va a ser candidato a President posee la misma altura de representación que un ministro? En lenguaje popular diríamos que “el ministro se rebajó”. Por eso, cuando Margallo aceptó el debate, el cava seguramente corrió por la sede de Junts pel Sí. 1-0.

2. Enviar al ministro de Exteriores para tratar un asunto que tiene que ver con la independencia significa el reconocimiento de facto de la autoridad del otro oponente. Otro error. Junqueras apareció, por una lógica correlación causa-efecto, como el ministro de AAEE de Catalunya. Y en línea al anterior punto, Margallo no sólo se rebajó a sí mismo sino que ascendió a Junqueras a representante válido de un gobierno extranjero. Justo lo que ha estado soñando Junqueras toda la vida. 2-0.

3. Otra demostración de la impericia del gabinete de comunicación de Moncloa: confundieron estrategia con táctica y viceversa cuando ningunearon a Mas con la frase “Oriol es el que manda”. Esa supuesta frase buscaba lastrar el liderazgo de Mas en detrimento del segundo de abordo. Sin embargo, fue un reconocimiento de facto a la “auctoritas y potestas” de Junqueras. Y demuestra que en Madrid aún no se han enterado que al militante-simpatizante-votante de Convergència le importa un carajo el futuro de CDC. Hace tiempo que han asumido su desaparición y su disolución en ERC porque el reto propuesto (la independencia) limpiará la gran cantidad de miserias y cadáveres que pueblan su armario. Si pensaba que con esa táctica-estrategia (vaya usted a saber qué entienden por cada concepto) de “hacerle el vacío a Mas” iba a triunfar, se equivocaron de pleno: identificaron a Junqueras como nuevo líder (por cierto, intelectualmente más preparado que Mas) 3-0

4. Aceptar un “debate a dos” con Junt pel Sí, fue otro reconocimiento de facto: el gobierno reconoce que a) tiene miedo porque b) saben que Junts Pel Sí saldrá muy reforzada tras estas elecciones. Ninguneando a la CUP, Moncloa elevó a Junts Pel Sí como el principal voto útil para los independentistas, y eso es un desastre si lo que pretendían es evitar que Junts obtuvieran la mayoría absoluta en votos. 4-0.

5. Finalmente, otro error de Moncloa fue no valorar “el todo que perder y nada que ganar”. A estas alturas del partido, con todo el pescado vendido, acudir a un debate así ni aporta luz ni argumentos válidos para el electorado. Sólo existe un riesgo: hacer el ridículo como ya lo demostró el día anterior Rajoy con su infame entrevista con Carlos Alsina en Onda Cero. 5-0.

Conclusión

Y entonces “¿qué hubieras propuesto?” Es evidente que Moncloa se encontraban entre la espada y la pared. Cuando los temas transversales unen a partidos de distinta orientación (UK, USA o como han hecho Junts Pel Sí) la decisión más sensata hubiera sido enviar a alguien sin capacidad de representación institucional -es decir, del mismo nivel que Junqueras. Por ejemplo, Josep Borrell. Pero, por su falta de visión, Moncloa entendió que debía acudir alguien del gobierno para no emitir un mensaje de “cobardía” o de “abandono”. Y también porque, probablemente, en la balanza de las pérdidas seguras, era mejor entronizar a Junqueras que mostrarse cobardes. Pero es que el problema no arrancó ni ayer ni hace dos meses. Es como, ante un suspenso en la carrera, culpar a una gripe inoportuna la semana antes del examen cuando llevas todo el año sin pegar ni chapa. La gripe no es la razón del suspenso. El suspenso viene de hacer el vago todo el año.

Y todo eso antes de empezar el debate.

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A principios de 2014 Artur Mas iniciaba una campaña buscando el apoyo de líderes internacionales para su campaña soberanista.

Ninguno de los 45 líderes contestó a esa carta.

Y, por si fuera poco, las reacciones que se ha encontrado han sido, precisamente, contrarias.

A las pocas semanas de la carta enviada por Mas, Durao Barroso (presidente de la Comisión Europea) le explicaba a Sala i Martí -en un crudo debate en el foro de Davos- la normativa comunitaria sobre la admisión de nuevos estados miembros.

A principios de mes, Angela Merkel (la sheriff de Europa y quien maneja el tempo financiero en Europa) avisaba de la necesidad de respetar los acuerdos legales comunitarios, en una clara referencia -y rechazo inequívoco- a la apuesta de Mas.

A finales de agosto, Jean Claude Piris (ex director general del Servicio Jurídico de la UE) alertaba de la imposibilidad técnica y jurídica del proceso independentista a través de un artículo publicado en El País.

Recientemente, David Cameron (primer ministro del Reino Unido) avisó a Mas que la independencia pondría a Catalunya a la cola de las admisiones. (Nota mía: aprovecho para recordar que la media de entrada ronda los siete años).

A mediados de septiembre era Barack Obama quien consideraba ante el rey Felipe VI la necesidad de una España fuerte y unida en una clara referencia al proceso independentista.

En clave más local -no sólo española sino también catalana- el 15 de septiembre, el Cercle d’Economia -institución económica de referencia en Catalunya- daba un paso más y situaba una línea roja que choca frontalmente con la tesis de Junts el sí y la CUP: el resultado del 27S no puede derivar en la independencia.

Viernes 18 de septiembre: la Asociación Española de la Banca y la Confederación Española de Cajas de Ahorro emitían un comunicado en el que decían que se replantearía su implantación en Catalunya en caso de independencia.

El día después del comunicado de la banca, era la Liga de Fútbol Profesional en boca de Javier Tebas -su presidente- quien afirmaba “El Barça no podría jugar la Liga si Cataluña fuera independiente“.

Y ese mismo día El País publicaba que el Consejo Superior de Deportes recordaba los requisitos legales para poder jugar en la liga española.

Y para terminar esta selección de advertencias, el Banco de España alertaba el lunes 21 de septiembre de un corralito si Catalunya se independizaba.

La respuesta a todos estos avisos por parte de los líderes partidarios de la independencia (Mas, Romeva, Forcadell y Casals) ha sido insistir que a) no nos importa, la ilusión nos mueve y eso es suficiente b) los políticos europeos no tienen ni idea de lo que hablan c) todas esas declaraciones no son argumentos de peso; son sólo amenazas.

Por supuesto ni una autocrítica al fracaso de su estrategia internacional. (Corrijo: cinco congresistas americanos mostraban su apoyo al “derecho a decidir” de Catalunya y  en el parlamento de Suecia se había hablado del tema)

Probablemente el momento más sonrojante de todos fue cuando Raül Romeva insistía en que la UE no podía expulsar a 7,5 millones de europeos. Tenía que ser el programa de la BBC Hard Talk quien le explicara al bueno de Romeva la diferencia entre “marcharse voluntariamente” y “expulsión”.

Todo esto me suena a ese chiste del loco que va en un coche contradirección y en la radio oye el aviso de un piloto suicida. “¿Cómo que un coche contradirección? Pero si van todos van contra dirección”.

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ACTUALIZACIÓN

Tras este aluvión de avisos y alertas, la reacción de Artur Mas ha sido amenazar con un impago de la deuda si España no negocia. Me pregunto si la UE verá con buenos ojos la petición de adhesión de un país que amenaza con impagos. El caso reciente de Grecia debería servir de ejemplo.

Precisamente hoy, El Confidencial publicaba un informe sobre la huida de empresas de Catalunya.

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Whiplash vista (siempre voy con retraso)

Al grano.

Whiplash costó -según reza Box Office- unos exiguos 3,3 millones de dólares. Calderilla para cualquier película media producida en los USA. Pero qué 3,3 millones tan bien aprovechados: lucen como 33.

Whiplash lo tiene todo. Una trama principal que ya hemos visto mil veces, y que correctamente engrasada funciona a las mil maravillas: cuánto dolor estás dispuesto a asumir para alcanzar el éxito. Además, posee unos personajes estupendamente construidos y una planificación (fotografía y montaje) que ofrece una factura técnica soberbia.

Pero lo que más reluce, duelo extraordinario de actores al margen, es la tensión narrativa de Damien Chazelle.  Puño de hierro en la escritura y puño de hierro en la dirección. Siempre hacia arriba. Siempre subiendo. Hasta llegar a un clímax redondo y de una intensidad que atrapará a todos, dando igual si sabes o no lo que es un 6/8, un tresillo o un bpm. Algo parecido al efecto hipnótico que causó Master and Commander con sus trinquetes, mesanas, sextantes, brazas o amuras.

Así pues, lo tenemos todo para concluir que ojalá más películas como Whiplash. Un oasis. Una maravilla.

Pero.

La tesis que sustenta tal prodigio cinematográfico me ha parecido tóxica y un tanto tramposa.

Le tengo especial manía a las narraciones que se escriben a partir del final, ya que la evolución a la que asistirá el espectador está trucada y no nace de un desarrollo orgánico de las situaciones que viven los personajes, sino de unas cartas marcadas que el guionista-director moverá con astucia para convencernos de que su final es “natural”.

Por otra parte, cuando hablo de una película tóxica no me refiero a los abusivos métodos que emplea el profesor Terrence Fletcher (prodigiosa construcción de J.K. Simmons). Eso podría formar parte de un debate evidente que diría que ya está superado: la violencia nunca justifica el camino hacia el éxito. Así pues, los abusivos métodos de Fletcher, un paranoico con dejes de psicópata, tampoco forman parte de un debate resuelto.

Tampoco me refiero por “tóxica” a la enfermiza obsesión de Andrew Neiman (Miles Teller) por convertirse en el Charlie Parker de las baquetas (abro paréntesis: qué ganas de volver a revisar Bird de Eastwood y Whitaker)

No. Nada de eso. Lo que me ha parecido tóxico es la tesis bienintencionada de Damien Chazelle que esconde un idea perversa: el éxito -o el mal llamado éxito postmoderno- se cuece mejor entre personas que sólo aman su objetivo y, por tanto, se aman exclusivamente a sí mismas. En el caso de Whiplash es evidente que nos enfrentamos a personajes que no sienten ningún vínculo afectivo por aquellos que les rodean: menosprecio o una falsa indulgencia, en el mejor de los casos.

Sobre esto un par de detalles. En toda la película los dos grandes protagonistas apenas tienen contacto físico con las personas que les rodean. Y, además, las direcciones de las miradas suelen ser esquivas guardando poca relación entre sí (¿recuerdan la turbadora conversación de Psicosis donde Norman Bates y Marion Crane mantenían ejes de miradas totalmente descentradas? Qué gran cabroncete fue Hitchcock)

Los tres o cuatro momentos en los que se demuestra esa aversión por el contacto físico son suficientes para dibujar unos personajes con una fobia afectiva y que se comportan casi como autistas emocionales. No olvidemos que el contacto físico es un atajo para explicar los vínculos emocionales entre personajes. Chazelle lo borda deliberadamente: un roce imperceptible y no correspondido de unos pies bajo la mesa de una pizzeria, tres bofetadas, una pelea, un abrazo inconcluso y rechazado. Eso es todo: desolador resumen.

Personajes de vida lastimosa que nos los venden con un magnífico y espectacular celofán. Y ahí es donde está la trampa y su toxicidad.

Hagamos la prueba del algodón ¿cómo os imagináis las vidas de Teller – Fletcher diez años después? ¿Creéis que las personas que les rodean serán felices o desgraciadas por su causa? En el fondo, la respuesta da igual: ellos habrán alcanzado su objetivo. A pesar que su mutua admiración se sustenta en un temor que deviene en un odio enfermizo. Un equilibrio tóxico. Y esa catarsis al final se nos (de)muestra como una redención que busca tranquilizar y entusiasmar a los espectadores. Tramposa. Tóxica.

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